El consumo de tabaco es un factor de riesgo importante para el desarrollo de la enfermedad coronaria, accidente cerebro vascular, la enfermedad vascular periférica e incluso para el desarrollo del coronavirus.

Científicamente, para Soraya López, psicóloga de la Clínica de Cesación de Tabaquismo de la Policlínica “Dr. Carlos N. Brin”, de la Caja de Seguro Social (CSS), en San Francisco, el hábito de fumar es simplemente una enfermedad.

López sustenta que se trata de una enfermedad porque la persona que fuma no sabe que dentro del cigarrillo hay contenidas sustancias y cerca de cuatro mil compuestos químicos con la nicotina que están diseñados especialmente para que la persona no pueda dejarla.

Por otra parte la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha advertido a fumadores y consumidores de tabaco, que es probable que sean más vulnerables al COVID-19, ya que fumar implica que los dedos, y en consecuencia los cigarrillos estén en contacto con los labios y boca, lo que aumenta la posibilidad de transmisión del virus, si existe contaminación en las manos.

Además, la OMS recuerda que los fumadores también pueden tener una enfermedad pulmonar o una capacidad pulmonar reducida, lo que aumentaría en gran medida el riesgo de complicaciones graves.

En tal sentido, la psicóloga Soraya López mencionó que ante la sensación de temor que vive la población, muchas personas están buscando ayuda para dejar de fumar, por los efectos que produce el COVID-19 en el sistema respiratorio.

«No es cuestión de atemorizar, sino de que las personas tomen una decisión, y no la posterguen por más tiempo, para dejar de fumar», señaló la especialista.

Manifestó que el fumar, más que un hábito, es una adicción y una enfermedad, porque desarrolla tres características básicas que son: abstinencia, tolerancia y dependencia: por lo tanto son situaciones médicas y clínicas en donde la persona no fuma por vicio, sino que lo hace por la droga misma.

Por su parte el doctor Reynaldo Chandler, neumólogo del Hospital «Dra. Susana Jones Cano» de la CSS, explicó que el hábito de fumar tiene un efecto nocivo sobre las vías respiratorias; genera un proceso inflamatorio crónico, además el humo del tabaco en las vías aéreas afecta los mecanismos de defensa que tiene la persona para combatir microorganismos u otros elementos ajenos al sistema respiratorio.

«Tener un sistema respiratorio eficaz, lo pone en mayor protección de desarrollar infecciones pulmonares, y con el COVID-19 es uno de los tantos agentes microbianos que puede desarrollarse todavía mejor en un aparato respiratorio inerte», aseguró el neumólogo.

«CONDICIÓN RESPIRATORIA DE UN PACIENTE CON COVID-19»

En este punto el doctor detalló que la reducción respiratoria de un paciente con coronavirus es variable y depende de la condición previa del paciente.

Por ejemplo, en condición natural todos los seres humanos a partir de los 25 años de edad, empiezan a declinar su capacidad respiratoria en aproximadamente 30 ml. por año, y en el caso de las personas que fuman, esta velocidad en la declinación de su función pulmonar es más acelerada y puede ser de 60 hasta 90 ml por año, lo que disminuirá su capacidad funcional respiratoria, afirmó el especialista.

«RECOMENDACIONES»

El galeno manifestó que la primera y principal recomendación específicamente en el caso de los fumadores, » es dejar de fumar», ya que la medida que ha demostrado mayor impacto en salud pública en la atención de estos pacientes, es no continuar con el hábito del tabaco.

Dejar de fumar es fundamental para mejorar la salud respiratoria.

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